miércoles, 23 de marzo de 2011

No quiero que tenga título.

Yo no quiero escribir poesía, no se si ya lo hice. No se si me sale bien, tampoco creo que me salga mal. Pero cuando el alma se sienta a escribir entrega cosas maravillosas, esas que no se pueden ver, ni tocar, pero salen de paseo en forma de palabras. ¿Y cuando el alma está triste? ¿Envía cosas maravillosas? Yo supongo que sí. Hermosas torceduras de palabras recién salidas del hospital, haciendo cosquillas en la memoria. Puede que sea así, como puede que no.
Y me siento, después de haber estado riendo como loca, hablando de cualquier cosa, mirando a la gente, escuchándolas, inventando. Luego de estar con mi familia, viéndola contenta dentro de su rutina, hablando, mirando, escuchando, inventando. Puedo decir que todo está como siempre, como cuando escribía hace unos cuantos días atrás. ¿Y la poesía? ¿Dónde se hace? ¿Se cocina? ¿Tiene una receta? Si, supongo, hay muchas formas distintas. Pero vuelvo a pensar, envuelta de vida, esa de siempre pero con cosas nuevas. Y sin darme cuenta, dentro de lo mismo veo algo que no es lo mismo. Como una detective descubro escondites donde lágrimas que no son mías inundan los pensamientos de otros que son como yo. Y otros que son ellos tan parecidos a mí. No lo digo porque sean mi propia familia, sino porque tienen esa triste ausencia. Y ahí es cuando me acuerdo que no soy la que sufre sola. Todos sufrimos solos. Hasta otros que no son mi familia también.
Todo vuelve como siempre, escucho, invento, miro, hablo de locos y con locos. Pero el alma se sienta a escribir palabras que se van de vacaciones en un fin de semana largo para contar que todo puede estar bien.
Y vienen palabras de afuera, esas que sirven mucho y hasta llego a conocerlas de memoria. Los seres queridos siempre están y cuando se los extraña, cerrar los ojos y pensar que es tu ángel protector es lo mejor que uno puede hacer. Es muy lindo, hasta suena a poesía, o no. Y así lo hago. Pero los miro, miro al universo y al piso que me sostiene y pregunto ¿cómo se extraña a un ser querido? Yo sólo extraño a mi papá.

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